La Validación Emocional en la Infancia: El Miedo al Disfraz
Aquella tarde, una madre recogió a su hija en el colegio. Al verla, la niña le susurró: "Mamá, estoy nerviosa". Tomó con fuerza su mano y dejó caer unas lágrimas por su rostro. La madre, de inmediato, la abrazó y decidió indagar la razón de aquel temor.
Descubrió que la niña sentía miedo de un disfraz. Para un adulto o un adolescente, es sencillo discernir la fantasía de la realidad, pero en esta etapa del desarrollo infantil, esa distinción aún no se consolida. Para la pequeña, aquel disfraz no era un juego; significaba peligro, amenaza e incluso resultaba desagradable. Esta percepción era tan real que su respiración se agitaba y su corazón latía rápidamente. Al verlo, lo sentía real, pero su pensamiento aún no había alcanzado los procesos cognitivos estables (que suelen lograrse alrededor de los seis años) para identificar que solo era un ser humano con una máscara y un traje específico.
Cuando la madre la abrazó y le preguntó acerca de su miedo, no solo le brindó consuelo, sino que estaba validando la emoción. Este acto esencial le permitió a la menor:
Hablar: Hacer consciente y expresar lo que estaba sintiendo.
Identificar: Ponerle un nombre o una "etiqueta" psicológica a la sensación física (la agitación y el latido rápido).
Manejar la emoción: La madre, al abrazarla y dialogar, le estaba enseñando a la niña que puede sentir miedo, pero también le mostraba técnicas de afrontamiento como el contacto físico y la comunicación.
De esta forma, la niña no solo aprende a identificar y manejar su emoción, sino también a reconocer cuándo es necesario pedir ayuda y a quién puede solicitársela.
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